Falsos mitos sobre la alimentación


La alimentación es un tema que ha suscitado un gran interés a lo largo de la historia. Este interés, unido a un cierto desconocimiento, ha favorecido el planteamiento de errores sobre la alimentación, es decir, creencias pseudocientíficas relacionadas con la alimentación, no basadas en conocimientos científicos (aquellos que se obtienen mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados, y de los que se deducen principios y leyes generales), a las que se atribuye la condición de "científicas".
Los mitos son muchos y están muy arraigados; son ideas falsas o verdaderas sobre las características, cualidades o propiedades de los alimentos conocidos por la población en general.

Algunos mitos alimentarios


Un artículo publicado en la revista Procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias cuestiona uno de los dogmas más extendidos. Un amplio equipo de profesionales de la salud firma un esclarecedor artículo titulado "Frecuencia y Horarios de las Comidas en la Salud" en el que se investiga ampliamente sobre los efectos en la salud de los diferentes nutrientes, se ha indagado relativamente poco en los que ellos denominan un aspecto más fundamental de la dieta, refiriéndose a la frecuencia y los horarios circadianos de las comidas y los beneficios potenciales de periodos intermitentes con muy baja o nula ingesta energética.
La dieta hipocalórica es, prácticamente, la única de la que se tiene certeza que mejora la salud y prolonga la vida. La dieta para la longevidad debe contener entre un 30 y un 50% menos de calorías que una dieta normal, es decir, 1.470 kcal de alimentos ricos en vitaminas y minerales, preferentemente de origen vegetal.



Normalmente es suficiente con la cantidad de vitaminas y minerales que se aportan a través de una dieta variada y equilibrada. No existen evidencias científicas de que el aporte de vitaminas en persona sanas mejore el cansancio o el apetito, entre otros. Si no existe una deficiencia clara, un suplemento de vitaminas sin necesidad no conlleva efectos positivos. Se recomienda el consumo de suplementos sólo bajo prescripción médica.



 La creencia popular afirma que beber agua durante las comidas aumenta la retención de líquidos. Sin embargo, el agua hidrata el bolo alimenticio y la fibra vegetal es la que se encarga de acumularla, con la que mejora el paso por el intestino y la absorción posterior de nutrientes. Además de ser un excelente aliado para nuestros riñones, incrementa la sensación de saciedad, lo que consigue una alimentación moderada.



Según el doctor Heinz Valtin, del Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina de Dartmouth, autor de varios libros sobre el funcionamiento de los riñones y el equilibrio del agua en el organismo humano, no existe ninguna evidencia que justifique esta creencia. Valtin, además de comentar que el propio cuerpo humano es capaz de mantener por sí mismo el equilibrio de agua necesario para su óptimo funcionamiento, advierte del peligro que puede conllevar el exceso de agua, ya que incluso un aumento leve o moderado de su consumo puede ser perjudicial si el riñón no es capaz de excretar suficiente agua. Beber más agua no significa que eliminemos más toxinas, ya que los riñones las excretan con independencia de la cantidad de agua ingerida.

La fruta posee las mismas calorías, no engorda porque se tome en un determinado orden, sino porque la cantidad de calorías ingeridas supere las necesidades del organismo.


Esta creencia está sometida a debate, ya que la cantidad de colesterol que conllevan los huevos no se incorpora a la sangre es una proporción tan grande como se estimaba. La importancia de la genética es importante, ya que dos personas con la misma dieta pueden generar niveles de colesterol en sangre totalmente distintos.



Estos alimentos suelen contener cantidades muy similares al producto no integral, lo que realmente les diferencia, es que los productos integrales poseen una cantidad mayor en fibra. Un ejemplo, tanto el plan blanco como el integral, aportan las mismas calorías. La ventaja radica en que la fibra mejora el tránsito intestinal y posee un poder saciante sobre el apetito.


Fuentes: Todo es Mente

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