Mayores de 65 años, ¿peligro al volante?


Hoy en día en España existen 2.251.000 conductores con más de 65 años, un 55% más de los que había en el año 2005, según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT).
Por otra parte, Tráfico recuerda que el parque automovilístico español es el más obsoleto de toda Europa, hasta tal punto de que la mitad de los coches tiene 10 años o más, por lo que, desde algunas asociaciones, se ha pedido ofrecer incentivos a los mayores con el fin de que renueven su vehículo.
Según afirma Juan Carlos González Luque, asesor médico de la DGT, a partir de los 55 años comienzan a manifestarse síntomas que merman la capacidad de conducir.
Aunque no es posible generalizar, a medida que pasan los años, las condiciones psicofísicas decaen, el anciano pierde visión, capacidad auditiva y, sobre todo, necesita más tiempo de reacción, por lo que le resulta más complicado discriminar objetos en movimiento. El 67% de los mayores de 65 años admite que ha perdido reflejos y se siente más inseguro al volante, según un estudio sobre ancianos y seguridad vial de la Fundación Mapfre. La capacidad más disminuida es la vista (45%), seguida de los reflejos (25%) y el oído (17%).

¿Cómo averiguar si un anciano es apto para la conducción?

José Antonio Flórez Lozano, catedrático de Ciencias de la Conducta en la Universidad de Oviedo, subraya la importancia del estado anímico y afectivo, que a menudo pesa más que la pérdida de visión o reflejos.
En primer lugar y, ante todo, si queremos que nuestros familiares sigan disfrutando de la conducción con toda la seguridad necesaria, deben ser autocríticos y admitir que ya no poseen ni los reflejos ni la capacidad de reacción que antes, puesto que muchas veces suelen pecar de exceso de confianza a la hora de realizar cualquier tarea, y el conducir no es una excepción.
Podemos averiguar si un conductor mayor de 65 años puede ser peligroso si:
  • No presta atención a los retrovisores al cambiar de carril o al incorporarse
  • No mantiene una velocidad adecuada a la vía, tanto por exceso como por defecto
  • No es capaz de frenar de forma uniforme
  • No se percata de la presencia de señales de tráfico y semáforos
  • No es capaz de mantener el vehículo en un mismo carril
  • No respeta la preferencia de vía o no es capaz de aplicar las normas correctamente

¿Hasta qué edad es recomendable conducir?

Como la práctica totalidad de los expertos, éstos rechazan la imposición de límites de edad. Una medida así sería discriminatoria y vulneraría el derecho de los ancianos a la movilidad, sin embargo, consideran que se deben trazar fronteras, por ejemplo, que la Administración les someta a pruebas más exigentes si algún conocido o familiar observa anomalías al volante, o que se limiten sus movimientos a un radio de determinados kilómetros de su hogar, por lo que no generalizaríamos, pero daríamos respuesta a las familias preocupadas.
La DGT admite que cada vez más personas buscan ayuda para convencer a sus ancianos que dejen de conducir, debido a su peligrosidad. Los expertos coinciden en que los ancianos poseen mecanismos que, en parte, compensan su pérdida de capacidad al volante. Así, circulan de día, evitan zonas conflictivas y reducen a la mínima expresión el uso de su vehículo.
El talón de Aquiles del sistema, sin embargo, son las revisiones médicas, pues sólo el 3% de los mayores de 65 años que se presentan al reconocimiento preceptivo no lo supera. Y eso que más del 30% sufre deterioros visuales de distinta índole. Los expertos critican la ligereza con la que se propongan los permisos y denuncian las carencias de esta clase de pruebas.

Medicación y conducción

Además de prestar atención a las enfermedades, los conductores deben ser conscientes de los efectos secundarios de algunos medicamentos. El uso de medicación aumenta con la edad y es muy común su consumo en personas mayores de 65 años. En nuestro país, se ha hallado que un 45,8% de los conductores mayores de 75 años toma medicamentos relativos al sistema nervioso central, siendo un 13% de estos ansiolíticos. Este hallazgo resulta significativo, ya que el consumo de benzodiacepinas se ha asociado a un incremento en el riesgo de accidentes.


Con la edad, las funciones renales y hepáticas disminuyen, lo que reduce la capacidad de inactivar o excretar dichos medicamentos. También el porcentaje de grasa corporal se incrementa, lo que aumenta el volumen de distribución de fármacos lipofílicos, permaneciendo los niveles sanguíneos del fármaco elevados durante mayores periodos de tiempo.
Tal es la importancia de los efectos secundarios de los fármacos sobre la conducción que, actualmente, la legislación europea prevé incluir pictogramas en el cartonaje del fármaco que adviertan de la posible alteración de la capacidad de conducir.

Programas de rehabilitación para la conducción

Si bien algunos conductores mayores pueden beneficiarse con cursos para recordar los conceptos de seguridad vial, la mayoría debe derivarse a un terapeuta ocupacional especializado en rehabilitación para la conducción, que suele hacer evaluaciones integrales que incluyen pruebas clínicas de la visión, habilidades motoras y cognitivas, así como evaluaciones en carretera. Estos especialistas pueden ayudar mediante:
  • La institución de un plan de rehabilitación diseñado específicamente para aumentar las habilidades motoras o funciones cognitivas, además de la percepción en la vida cotidiana del conductor
  • La provisión de equipos para adaptarse, como una perilla de dirección para ayudar a manejar el volante con una sola mano o dispositivos más complicados como controles manuales
  • Evaluar la respuesta del plan de rehabilitación e informar a los conductores, sus familiares y el médico si las capacidades del conductor son adecuadas o si se indican restricciones
  • Proporcionar asesoramiento acerca de la movilidad o modos alternativos de transporte

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