Pautas para que tus hijos coman de todo


Todos los pediatras están de acuerdo en que un niño no cambia sus hábitos alimentarios de un día para otro, sino que se trata de un lento y costoso proceso. No obstante, la educación alimenticia durante los primeros años de vida es esencial para sentar las bases de una correcta alimentación en su etapa de adulto.
El secreto reside en establecer en ellos el hábito. Un trabajo que comienza incorporando nuevos alimentos sólidos, en torno a los 6 meses, y que, para lograr una total efectividad, debe ser constante, gradual y paciente. Luis Miguel Luengo Pérez, vocal del Comité Gestor del Área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) manifestó que el estado de salud depende de los hábitos de estilo de vida, como la alimentación o la actividad física, y es en la infancia cuando se adquieren más fácilmente. De modo que, cuanto más tarde el desarrollo, más complicado será modificar los hábitos. La Sociedad Nacional de Agricultura afirma que el 90% de los niños no comen los vegetales que deberían y el 60% tiene problemas con las frutas. Por otra parte, y aunque las recomendaciones sanitarias indiquen que la cantidad de frutas, verduras y hortalizas que deben ingerir un menor son cinco raciones diarias, según algunos datos de un reciente estudio de LIDL, el 39% de los niños y adolescentes en España consume fruta fresca una vez al día y, en cuanto a verduras y hortalizas, la cifra se encuentra muy lejos de la realidad, el 31% de los niños y adolescentes las consume una vez al día.

Pautas para que los niños coman bien

  • Establecer el hábito. Esto se consigue integrando la rutina de comer saludablemente en los niños desde que empiezan a consumir alimentos sólidos, atendiendo a los cambios y progresos que experimentan a cada etapa de su crecimiento. Para lograrlo, los expertos hablan de dos reglas básicas:
    • Llevarlo a cabo siempre de la misma manera, en el mismo lugar y a la misma hora
    • Si tenemos un horario establecido para las cinco comidas diarias o, al menos, para la cena y el desayuno, hacerlas siempre en el mismo lugar y cumpliendo una rutina fila. Por ejemplo, lavarnos las manos o poner la mesa en familia
  • Fomentar el apetito, esto consiste dejándoles quizás la vajilla de sus personajes favoritos, el color de sus cubiertos, elaborando comidas vistosas y divertidas. Otro consejo es inculcar la participación de los pequeños en la elaboración de la comida, dentro de sus posibilidades
  • La importancia de la duración de las comidas. Los expertos afirman que no deberían durar menos de 20 minutos ni más de 40. Si son muy rápidas, no se llevará a cabo una correcta digestión y pueden alterar a nuestros hijos, por otro lado, si se extienden demasiado existe el riesgo de que se haga una manipulación por parte del niño para llamar la atención de sus padres a través de la comida
  • Mantener la calma. La actitud de los padres debe ser un referente en todo momento

Lo que no debemos hacer

  • No dar ejemplo, de la misma manera, no podemos pasar por alto que otro de los errores más habituales en lo que caen los padres es en presionar y obligar a sus hijos a que coman verduras, frutas o cualquier alimento cuando los mejores jamás los han visto a ellos tomarlos. Como en comportamiento y en otros muchos aspectos de la vida, los adultos tienen que dar ejemplo
  • Se debe evitar que vean la televisión o escuchen música en el momento de las comidas, sino enseñarles a comer por medio de destrezas tácticas, pues esto podría ocasionar que desvíen su atención hacia otras actividades contrarias a la estimulación de su alimentación
  • La mejor forma de practicar los hábitos alimentarios se basa en una buena comunicación. Hablar con ellos y volver a aplicar otras estrategias para su entendimiento hacia la buena alimentación será la mejor herramienta a emplear

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