Combatir el sedentarismo infantil es posible


El sedentarismo infantil ya es una epidemia, el 85% de los niños no realiza el mínimo de actividad física recomendada por la OMS. Un informe anual de 2017 sobre la actividad física de los jóvenes revela datos tan preocupantes como que más del 80% de los preadolescentes practican el sedentarismo.

Desde el Congreso Extraordinario de la Asociación Española de Pediatría que ha tenido lugar en Madrid, se ha resaltado el importante papel que, tanto el pediatra como el profesional de la actividad deben tener en la inculcación de unos buenos hábitos desde la más temprana edad, y siempre adaptando el ejercicio a la edad y condiciones del niño, buscando diferentes objetivos según la etapa del crecimiento en que éste se encuentre.

¿Por qué es importante la actividad física en los niños?

  • Desarrollo armónico de las capacidades motrices
  • Máximo potencial de desarrollo físico
  • Prevención de enfermedades antes de llegar a la edad adulta, hoy pediátricas
  • Menor índice de lesiones y ausentismo escolar
  • Conciencia del propio cuerpo
  • Dominio del equilibrio y la coordinación
  • Desarrollo de la conciencia corporal y la orientación espacial y temporal

Consejos para combatir el sedentarismo infantil

Con el objetivo de incorporar la práctica del ejercicio físico a la vida cotidiana y de luchar contra el sedentarismo, un grupo de expertos, tanto de la Asociación Española de Pediatría (AEPED) como del Consejo General de Licenciados en Educación Física y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte han redactado na serie de recomendaciones generales que se resumen en seis puntos:
  • Es conveniente la práctica de una actividad física moderada o vigorosa durante un tiempo de, al menos, 1 hora diaria, aunque este periodo puede dividirse en dos o más sesiones
  • Monitorear la cantidad y variedad de alimentos que consumen nuestros hijos
  • Debemos evitar el sedentarismo en la vida cotidiana, realizando tareas tales como subir por las escaleras, desplazarse caminando... Además, en los centros educativos se deben potenciar las actividades durante el recreo y las tareas extraescolares
  • Conviene que las actividades se realicen en grupos y que sean entretenidas y con motivos de juego. Y siempre que se pueda, deban tener lugar al aire libre
  • El entorno en que el ejercicio se desarrolle debe ser adecuado y estar exento de peligro
  • El ejercicio no sólo se recomienda a niños sanos. Una actividad física adaptada a la situación o a la enfermedad que pudiera padecer, mejorará el estado físico general y hará que sea más favorable la evolución de dicha enfermedad. Su pediatra será el profesional que mejor le podrá aconsejar sobre cuáles serían los ejercicios físicos que el niño debería realizar según sus condiciones de salud
  • Vigilar la hidratación del niño y asegurarse de que éste recibe un aporte líquidos suficiente, ya sea antes, durante y después de la actividad

Factores de riesgo

La inactividad física es el causante de un 6% de muertes en el mundo. El sedentarismo es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular; por esta enfermedad fallecen en España más de 117.000 personas al año.


El 80% de estas patologías se puede prevenir adaptando hábitos de vida saludables como practicar de manera diaria ejercicio y comer adecuadamente. Según este estudio a 522 niños, una de las principales peticiones se concreta en que el 23% de los pequeños reclaman mayor implicación de los padres en el ejercicio físico, ya que el 17% destaca que nunca realiza deporte en familia.
Según la OMS, la falta de actividad física a lo largo de la vida nos puede perjudicar:
  • Infancia temprana:
    • Los preescolares con padres inactivos son menos propensos a ser activos
    • Faltan a la escuela dos días más que la media de los alumnos
  • Adolescencia:
    • La menor actividad física está asociada a menores rendimientos académicos
  • Edad adulta:
    • Menor salario laboral
    • Una semana más al año de baja laboral por enfermedades
    • Mayores costes de atención sanitaria
    • Aumento de muertes prematuras
    • Descenso de hasta cinco años de esperanza de vida

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