Acabemos con los mitos sobre la carne


La carne es un alimento sobre el que circulan gran multitud de mentiras, ya sea por desconocimiento o por cuestiones ideológicas interesadas. Es cierto que su consumo ha incrementado enormemente (un 50% desde el año 1960), pero este asunto plantea más dilemas medioambientales, por lo costosos que resulta mantener cabezas de ganado y la contaminación que provocan.
Actualmente, se realizan tantos estudios y noticias sobre los alimentos que parece que ninguno es bueno para la salud. Una corriente moderna tiende a demonizar los alimentos que hemos consumido desde nuestros orígenes, preparando el camino para alimentos naturales por otros artificiales, culpamos a los alimentos naturales de ser la causa de muchas de las enfermedades que podemos padecer.

1. La carne posee peligrosas grasas saturadas

Es cierto que algunos tipos de carne son ricos en grasas saturadas y colesterol, pero su peligrosidad no ha sido confirmada. Cada vez más científicos están cambiando su opinión sobre la grasa, que consideran que ha sido tratada injustamente en los consejos nutricionales.


Según diversas investigaciones, la más recientes a manos del Hospital Universitario de Croydonlas grasas saturadas y el colesterol encontrado en la sangre no ocasionan daño a nuestro organismo. De hecho, las grasas saturadas poseen efectos positivos sobre la salud, así como el colesterol, pues convierten las partículas de colesterol LDL en grandes y densas.
Dicho de otra forma, incrementan la cantidad de partículas grandes de colesterol LDL, lo que se vincula con un menor riesgo de padecer enfermedades del corazón.

2. La carne incrementa el riesgo de enfermedades cardíacas y diabetes

El consumo de carne roja procesada aumenta el riesgo de padecer diabetes y enfermedades cardiovasculares, mientras que el consumo de esta misma carne no procesada no presenta ningún riesgo relacionado.
Una revisión de un estudio publicado en 2010, que reunía datos de 20 investigaciones en las que participaron más de un millón de personas, llegó a la conclusión de que no existían ningún vínculo entre el consumo de estas dos carnes.
Por este motivo, lo más correcto es diferenciar las carnes procesadas y no procesadas, para luego realizar algún tipo de afirmación con respecto a las enfermedades que podrían causar.

3. La carne deteriora al sistema óseo

Cuando comemos carne, ingerimos proteínas, un nutriente que aumenta los niveles de ácido en nuestro organismo. Consecuentemente, el cuerpo utiliza el calcio presente en los huesos para neutralizar este ácido, lo que causa una debilitación de los mismos y puede resultar en osteoporosis.
Sin embargo, esto sólo ocurre a corto plazo, pues se ha demostrado que el consumo de proteínas a largo plazo tiene efectos positivos en los huesos:
  • Aumenta la densidad ósea
  • Previene la osteoporosis
  • Evita fracturas en los adultos mayores

4. Podemos prescindir de comer carne

Es cierto que muchos de los nutrientes presentes en la carne los podemos obtener mediante el consumo de otros productos de origen animal. Sin embargo, esto no quiere decir que debamos prescindir de la carne.
La carne natural, es decir, la no procesada goza de grandes cantidades de nutrientes necesarios para el cuerpo humano, como por ejemplo, la creatina.
Consumir carne de forma equilibrada complementa las necesidades nutricionales de nuestro organismo, además de potenciar la salud general.


5. La carne puede favorecer el desarrollo de cáncer

En efecto, se han publicado varias investigaciones en las últimas décadas que relacionan el consumo de carne roja con la aparición de ciertos tipos de cáncer. Según un estudio de Harvard Medical School comer cordero, ternera o cerdo por encima de la cantidad diaria recomendada (70 gramos diarios, 500 gramos a la semana) eleva el riesgo de morir por una cardiopatía un 18% y el de sufrir cáncer en un 10%.
Sin embargo, no es la carne la que provoca cáncer, sino el modo en que la cocinamos. Se ha descubierto que cocinar la carne a altas temperaturas favorece la aparición de unas sustancias llamadas Aminas Heterocíclicas (AH) e Hidrocarburos Policíclicos Aromáticos (HPA) relacionados con el desarrollo de cáncer.

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