El estrés, un gran enemigo para el corazón


El estrés es la tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos, a veces graves. Se produce, en menor y mayor medida, según la intensidad de un estímulo exterior y la capacidad individual de respuesta ante él. Todo ello dificulta su control como factor de riesgo cardiovascular, ya que depende del individuo el adaptarse a la situación que le está afectando y cómo la enfrente.
La relación entre el estrés emocional y los eventos coronarios mayores ha sido establecida hace ya bastantes años. Sin embargo, la verificación de esta presunción se ve obstaculizada porque no existe un test científico para cuantificar el grado de estrés emocional.

Un estudio publicado en la revista American Journal of Cardiology señala que los pacientes estresados padecen un 27% más de probabilidades de contraer una enfermedad cardíaca. Otras investigaciones realizadas por científicos del Centro Médico de la Universidad de Columbia afirmaron que el riesgo de padecer enfermedades cardíacas por estrés es equivalente a fumar cinco cigarrillos diarios, debido a que el estrés aumenta el nivel de hormonas en la sangre, lo que puede dañar el corazón.

¿Cómo afecta el estrés al corazón?

Todos sabemos que el estrés es un componente emocional que afecta de forma muy importante a la salud. Estrés significa tensión nerviosa y no todo el mundo es capaz de manejar de igual manera esta tensión.
Cuando estamos estresados, los músculos se tensan y el número de latidos del corazón por minuto o frecuencia cardíaca aumenta, por lo que el músculo trabaja más duro y, por lo tanto, requiere más oxígeno para generar la energía necesaria para contraerse y dilatarse más rápidamente.
Ante una situación que nos produce estrés, el organismo libera hormonas, las más conocidas las llamadas hormonas de la lucha, como pueden ser el cortisol y la adrenalina, que pueden, a su vez, dañar las arterias, incluidas las arterias coronarias que transportan sangre a las células del corazón. En relación a las arterias, el estrés hace que el flujo de la sangre se incremente, así que la fuerza que ejerce la sangre sobre las arterias también aumenta. Este aumento de la sangre sobre la pared de los vasos sanguíneos hace que la presión arterial aumente, lo que puede que la persona estresada de convierta en hipertensa.
Un estrés frecuente o continuado en el tiempo facilitará el aumento de la rigidez de las arterias, lo que hará que se degeneren más y más rápidamente, convirtiéndolas en más rígidas. En una arteria rígida, el colesterol y el calcio se acumulan más fácilmente, lo que va a favorecer la aterosclerosis y, con ello, aumentar el riesgo de infarto de miocardio.

Tipos de estrés dañinos para su corazón

Algunas fuentes de estrés atacan rápidamente a nuestro organismo, mientras que otros conviven con nosotros día a día. Los siguientes tipos de estrés se consideran quienes más afectan a nuestro corazón:
  • El estrés crónico, un desafío que se mantiene de forma prolongada en el tiempo por lo que se llega a una situación clínica. Ejemplos de este tipo de estrés son el síndrome del trabajador quemado, la depresión de los parados de larga duración...
  • La soledad
  • La ira
  • El estrés agudo, a medio camino del trastorno de estrés postraumático, en el que la persona sufre, temporalmente de forma aguda, un cuadro de ansiedad fisiológica como respuesta a la experimentación de uno o varios sucesos altamente estresantes, donde se ha puesto la integridad física de uno mismo o de los demás

¿Quiénes tienen más riesgo de padecerlo?

Algunos individuos apuntan a un mayor riesgo de episodio cardiovascular en las personas con perfil psicológico tipo A, es decir, individuos competitivos, muy autoexigentes, apegados al trabajo y obsesionados con el éxito. Algunas características de este tipo de personalidad son:
  • Velocidad, impaciencia, irritabilidad
  • Estilo dominante y autoritario
  • Dificultad para conocer y expresar emociones
  • Actitud hostil y competitiva
  • Gran implicación en el trabajo, con tendencia a la actividad permanente. Consideran el descanso o el ocio como una pérdida de tiempo
  • Preocupación por el rendimiento y los resultados finales
  • Pocos intereses y relaciones personales al margen del trabajo

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