¿Cómo llevar una buena hidratación y alimentación en verano?


Es cierto que durante el verano se producen grandes cambios en nuestra rutina diaria. Esto, unido a la variación del clima, las comidas y el ambiente convierten esta época en un momento de descanso y, por qué no, también de vida sana.

Alimentación en verano

El verano puede ser una buen época para mejorar nuestra alimentación pues, gracias a las altas temperaturas, el organismo sugiere comer más ligero. Asimismo, existe una gran variedad de alimentos de temporada que pueden cumplir una gran fuente de agua, vitaminas, minerales y antioxidantes, especialmente las frutas y verduras crudas.
En verano, nuestro cuerpo debe adaptarse a las altas temperaturas y a un cambio de actividad. Con la ayuda de la Fundación Española de Dietistas-Nutricionistas (FEDN), hemos recopilado una lista de alimentos que, por sus cualidades nutricionales, son los aliados perfectos para convertir el calor en una ventaja más:
  • Tomate, obtiene su color rojo y un gran poder antioxidante gracias al licopeno, que protege frente a numerosas enfermedades, incluyendo el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Los tomates contienen carotenoides, como la luteína y la zexatina, asociados a la prevención de la degeneración macular de los ojos, de modo que es el alimento ideal para proteger la vista de los rayos UV. Asimismo, la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA) aconseja a las personas con dolencias articulares que moderen su consumo, debido a su contenido de potasio
  • Sardinas que, junto al boquerón, es el pescado azul más recomendable esta época del año. Su alto aporte de ácidos Omega 3 hace que una sola ración cubre al completo la ingesta diaria necesaria. También destacan sus proteínas y minerales, así como la niacina o vitamina B3.
  • Melocotón, que protege las arterias, favorece el sistema inmunitario y una fuente de nutrientes para la piel, encías, huesos y cabello
  • Sandía, además de ser un potente hidratante (contiene un 95% de agua), contiene vitamina C, potasio, magnesio y compuestos químicos vegetales protectores, como el beta-caroteno y el licopeno, que ayuda a detener el daño de los radicales libres de las células
  • Pimiento, pues su principal contenido es el agua. Su carácter fibroso mejora el tránsito intestinal. Apenas aporta grasas y posee un efecto saciante. Contiene más vitamina C que la naranja, la fresa o el kiwi, lo que ayuda a prevenir el envejecimiento prematuro de la piel. A su vez, tiene una importante acción diurética por su riqueza en potasio y escasez de sodio
  • Higo, compuesto por un 80% de agua y un 12% de hidratos de carbono, concretamente sacarosa, fructosa y glucosa
  • Espinacas, ricas en ácido fólico que actúa sobre el estado de la piel, interviniendo en los procesos de renovación celular tras la agresión de los rayos solares

Reglas de oro para una adecuada hidratación en verano

El agua es el componente mayoritario en el cuerpo humano y su importancia radica en que es esencial en numerosos procesos fisiológicos, como la digestión, reacciones metabólicas, regulación de la temperatura corporal...
El agua contenida en los alimentos junto con la que bebemos y el riesgo de líquidos que ingerimos tienen que garantizar una correcta hidratación en todas las edades y circunstancias vitales.


El calor y la humedad, especialmente en verano, son los peores enemigos contra una buen hidratación, pues el desgaste es mayor. El agua constituye entre el 50 y 70% de nuestro organismo, a su vez, nuestros músculos se forman de un 75% de agua. La cantidad de líquido que contiene el cuerpo está regulado por la ingesta de agua, la concentración de sodio y potasio, los niveles hormonales y las pérdidas de agua que se llevan a cabo a través de la respiración y sudoración.
  • El agua recomendada para un adulto sano debe ser de 35 ml/kg de peso, incluyendo el agua existente en los alimentos, lo que se traduce entre 1,5 y 2 litros de agua al día (6 u 8 vasos)
  • En caso de practicar ejercicio físico o exponerse mucho tiempo al sol, se debe aumentar la dosis de líquidos y permanecer hidratados antes, durante y después de la actividad
  • Limitar la ingesta de bebidas alcohólicas, pues provocan un efecto de deshidratación
  • Incrementar la ingesta de frutas, verduras y ensaladas

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