Estrés en la Tercera Edad


Las personas mayores responden de forma distinta a situaciones de estrés. Por una parte, un mejor control de estrés está relacionado con el envejecimiento activo, y por otra, con estrategias emocionales para manejarlo.

Existen dos importantes teorías sobre la relación existe entre el envejecimiento y el estrés: la primera de ellas sostiene que la edad avanzada es un momento de la vida en el cual el organismo deja de controlar y gestionar bien el estrés; la otra teoría afirma que el estrés, sobre todo en su forma prolongada y crónica, acelera el envejecimiento; ambas teorías no son en realidad opuestas, sino complementarias.
El estrés posee dos señales de alarma, la física y la emocional, y ambas pueden ser especialmente difíciles para los mayores de edad. Los impactos del estrés físico son muy claros, cuando las personas alcanzan una edad madura, las heridas tardan más tiempo en sanarse y los resfriados duran más tiempo. Un corazón de 75 años puede ser lento en responder a los requerimientos del ejercicio. El estrés emocional es más sutil, sin embargo, sí es crónico. Las consecuencias a largo plazo pueden ser dañinas. A cualquier edad, los cerebros bajo estrés hacen sonar las alarmas y sueltan las hormonas potencialmente dañinas, como el cortisol y la adrenalina.

Dificultades en el diagnóstico de la ansiedad

Una dificultad para su diagnóstico en los mayores es que, en muchos casos, los síntomas son más físicos que mentales. Es habitual que las personas que padecen ansiedad a cualquier edad tengan dolores de barriga, musculares, de cabeza e, incluso, palpitaciones. Pero como es tan frecuente que los afectados tengan otros problemas físicos típicos de la edad, estos indicios quedan enmascarados.
Por otro lado, señales cognitivas propias de los trastornos de ansiedad, como la irritabilidad o la falta de concentración, también pasan desapercibidos porque muchas veces se consideran motivo del envejecimiento.
Otra de las particularidades de las personas mayores es que es frecuente que se presente junto con patologías como las demencias. La apatía, la depresión y la ansiedad son síntomas muy habituales en quienes sufren la enfermedad del Alzheimer, sobre todo, durante las primeras fases de este trastorno.

Algunos consejos para prevenir este trastorno

  • Ejercicio físico. Caminar, practicar gimnasia para mayores o estiramientos son algunos ejemplos de actividades que pueden prevenir la aparición de la ansiedad
  • Descanso. Resultará beneficioso tomarse ciertos periodos de descanso y no esperar a que la persona se sienta agotada para dejar de desempeñar la actividad que estuviera realizando en ese momento
  • Orden de prioridades. Llegada la vejez, se necesita más tiempo para realizar actividades que en la adultez se hacían con mayor rapidez. Por ello, es importante que la persona establezca un orden de prioridades de aquello que tiene que hacer y atienda en primer lugar lo más importante, así, si algo se queda sin hacer, podrá hacerse en otro momento
  • Practicar/descubrir aficiones. Si durante el periodo de adultez, la persona ha estado tan ocupada que no ha podido dedicar mucho tiempo para divertirse o realizar aquello que deseaba
  • Apoyo social. Es importante relacionarse con familiares y amigos
  • Dieta. Se recomienda comer sano, evitar comidas copiosas y no abusar del alcohol. Esto hará que las digestiones no sean tan pesadas y que el organismo pueda funcionar mejor
  • Ser autónomo. Aunque en edades avanzadas llega un momento en el que no se pueden realizar actividades de igual manera que se hacía antes, se recomienda que la persona no se rinda ante los primeros signos de cambio, para que, de esta manera, conserve su autonomía el mayor tiempo posible. Este hecho afectará de manera positiva a su autoestima. No obstante, en el momento en el que la persona lo considere oportuno y sienta que necesita ayuda, debe pedirla
  • Evitar la autoexigencia. Una gran fuente de ansiedad proviene de los altos niveles de exigencias que algunas personas se marcan, provocando un estado de insatisfacción y autocrítica. Por esta razón, conviene no exigirse demasiado

¡Cuidado con los medicamentos!

Existen diferentes tipos de tratamientos para aliviar la ansiedad, pero cada etapa de la vida tiene requerimientos especiales, en el caso de la vejez lo ideal es buscar una terapia ocupacional, sobre todo, en donde se ponga en práctica el potencial del paciente.
El uso de ansiolíticos no es recomendable en ninguna etapa, sin embargo, en una edad avanzada se corren riesgos como la dependencia física o que haya efectos secundarios, por ello, antes de ser prescritos, el medico tiene que hacer un exámen físico que descarte cualquier complicación.

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